jueves, 21 de febrero de 2013

El caminante de Tegucigalpa


El que ha dejado sus pies por angostas calles de piedra,

y suplicado a Dios que esta ciudad no se derrumbe

anhelado los días de invierno

para refugiarse en sus caderas.

El que respira el aire místico de sus catedrales,

de sus estatuas llenas de oscura melancolía

de siglos pasados y atrapados en el tiempo.

Ese, el que recorre las calles…

ese, soy yo…


El caminante de Tegucigalpa.


Fernando Betanco


Este relato y otros los puedes leer también  Periódico Irreverentes en España

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