miércoles, 20 de noviembre de 2013

El final feliz



La pelea estaba por concluir, el joven caballero tenía la victoria asegurada, el vampiro cedía ante el impulso y determinación del amado que rescataba a su amada. Le voló la cabeza de un tajo, golpeando la espada en el muro de piedra. La espada se hizo añicos y las esquirlas se esparcieron brillando ante la luz del amanecer. Enterró su navaja de plata en el corazón de aquel demonio, tuvo que protegerse pues las llamas se apoderaron del vampiro y rápidamente se convirtió en cenizas. La felicidad inundo su corazón, ya todo había terminado, por fin podía reunirse con el amor de su vida. Se acerco a ella, pletórico de amor, la desato, sintió su piel fría, y la noto pálida como la nieve. Temió que hubiera sido convertida en uno de esos seres malignos. No despertaba, fue cuando la verdad le golpeo la cara como un torrente de agua helada. Descubrió su hermoso pecho y allí pudo comprobar sus sospechas. Una parte de la hoja de su espada se había clavado en su corazón.
Entonces el joven caballero, lleno de lágrimas, se clavo el puñal de plata en su pecho. Sólo entonces se pudo reunir con su amada, esta vez para siempre.


Fernando Betanco

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